Wish you were here: Santa Mónica y Venice Beach

noviembre 01, 2016

Posiblemente provenga de aquí la postal más popular de California, esa que gracias al cine todos tenemos en la cabeza: rubias patinando en daisy dukes y tops de bikini, palmeras y atardeceres paradisíacos. 


Esa imagen que hemos visto una y otra vez en videoclips y series de televisión es la imagen de las playas de Santa Mónica y Venice (que aunque están pegadas no son lo mismo). 


Aunque Los Ángeles es mucho más que palmeras y rubias en daisy dukes quisimos empezar por aquí porque sí es, definitivamente, uno de los paseos imperdibles sin importar lo que andes buscando. 


Podemos empezar por ahí, por preguntarte qué estás buscando... ¿Compras? el 3rd Street Promenade es el lugar al que tienes que ir para encontrar boutiques de lujo o cadenas de fast fashion y darte un atascón de compras o de comida. ¿Mariguana? En Venice Beach hay consultorios donde puedes conseguir una receta de mariguana medicinal. ¿Caminar? En una ciudad donde prácticamente nada está a distancia caminable hay unos pocos puntos donde puedes andar a pie sin más propósito que pasear. 


También puedes dirigirte al muelle de Santa Mónica para rentar una bicicleta y recorrer pedaleando los dos kilómetros que te separan del muy famoso letrero de Venice sobre Pacific Avenue. Es la forma perfecta de meterte dentro de la postal. Nosotros lo hicimos con hija y todo: la montamos en la sillita trasera de una bici y pasamos uno de los momentos más placenteros de todo el viaje. 


La ciudad de Los Ángeles y sus alrededores componen una extensión enorme de cosas que ver y sitios que visitar y como precisamente moverse en transporte público no es tan sencillo como en, digamos, Nueva York, (y moverse en auto puede resultar agotador debido a las distancia) lo mejor es permanecer en un lugar durante el día y no desplazarse demasiado. 


En ese sentido Venice y Santa Mónica son un punto ideal para pasar un día completo empezándolo muy temprano, antes de que el sol se vuelva feroz, y terminándolo no tan tarde porque después del atardecer la zona de playa cambia su caracter, se vacía y todo cierra. Nuestra recomendación es relajarse y llevar bien cargada la pila del teléfono porque la zona es muy fotogénica.



Y dejarse llevar. Especialmente en Venice, que es uno de esos lugares donde la gente y las cosas vienen a tu encuentro sin que hagas nada. Es parte de la magia.


Tocinantes Honorarios: Liora & Hil.

octubre 24, 2016

(¡Tanto tiempo sin estar por aquí!).


Para hacer un regreso lo más espectacular posible, contamos con una comida espectacular no solo en sabores, sino también en historias. Liora Anderman e Hilel Fenig nos abrieron su casa y nos contaron sus pasados -los de ellos y los de sus familias- porque sin esos pasados los platillos que compartimos no existirían.




En una comida de un montón de tiempos, probamos matzah balls, kugel de papa y kugel loshen y concletn  de carne (que no son otra cosa que tortitas de carne: concletn en yiddish significa tortita). Todas, recetas judías. 


Dicen -nos han dicho- que "toda la cocina judía se ha basado siempre en la pobreza y la escasez, en los suspiros y en la culpa". Y también dicen (y a ver quién puede argumentar otra cosa) que "cualquiera es buen cocinero si dispone de langosta, caviar y foie gras" pero se requiere talento e imaginación para preparar una comida exquisita cuando lo único que abunda en la despensa es la escasez. 


Lo que comimos en casa de Liora y Hil son platillos cuyas recetas provienen de Rusia y de Polonia y pertenecen a una tradición culinaria en la que se utilizan muchas papas, cebolla y grasa. Se trata de obtener la mayor energía posible a partir de lo poco que haya disponible. Así leído suena triste, a heladas y hambrunas quizá, pero la experiencia acá a la distancia es lo más lejano de lo triste. La sopa con matzah balls es tan reconfortante como quedarte en casa un lunes nublado. Y las tortitas están llenas de sabor, de un sazón ajeno para el paladar de Héctor y el mío, formados en la gastronomía mexicana. 


Siempre que hemos compartido mesa con Liora y con Hil solemos tener mucho de que hablar, muchas preguntas y muchas historias y muchas risas. El mundo es grande y las personas que solo se relacionan con los que son (o parecen ser) idénticos a ellos mismos lo único que hacen es hacerlo chiquito y, ahí sí, bien triste. 

 

Este post no estaría completo si no mencionáramos a Mary, la cocinera de la casa: es dedicada y puntillosa, disciplinada y exigente con la calidad de sus ingredientes, es tan severa con sus recetas como divertida con su conversación. Es toda una fortuna poder probar lo que cocina.


Quede pues este post como testimonio -uno más- de lo bueno que es tener amigos. Y quede también como testimonio de que estamos de regreso en Los Tocinantes. Una vez a la semana a partir de ahora, eso sí. 




Gracias por leer.

Mariscos en Los Arbolitos

mayo 16, 2016

Hace poco más de una década, en el DF solo conseguías mariscos estilo Veracruz. Que nos encantan, claro, pero en este país de gastronomía bendecida por los dioses de los panzones era una grave omisión que no hubiera otras opciones, como los mariscos estilo Sonora. 


En aquel entonces Los arbolitos de Cajeme ya existían (tienen 25 años de existencia) pero nada más estaban en su estado natal. Con el tiempo se fueron extendiendo primero en el norte del país y ahora hay 13 sucursales, una de ellas en Polanco.


Allá fuimos hace un par de semanas, a comer mariscos porque, ¿a quién no le encantan? 


El menú de Los Arbolitos es tradicional y extenso: hay tacos, tostadas, platillos tradicionales sonorenses, cortes de carne y una gran variedad de mariscos preparados de muchas maneras deliciosas. Si vas por primera vez, no llegues con hambre porque aunque el lugar es grande y suele haber lugar y el servicio es ágil, te vas a tardar un ratito decidiendo qué quieres comer. 


Nosotros hicimos lo mismo de siempre: pedir un montón de cosas al centro y probarlas todas. Empezamos con dos tostadas, una "embarazada" que tenía merlín, pulpo y camarón y otra con atún crudo y una salsita indescifrable. Resultaron un preámbulo de lo que vendría después, pura delicia marítima. 


Las tostadas están bien servidas pero igual apenas te tapan una muela, por lo que le hicimos espacio a otras dos entradas: los "toritos" (chiles) mixtos rellenos de camarón y marlín y el chicharrón de calamar. 


Vamos a detenernos aquí. El "chicharrón" eran tiritas de calamar frito empanizado, servido con salsa Teriyaki y cebollín fresco. Podríamos pedirlo siempre que vayamos. De hecho, ya queremos ir otra vez para pedirlo de nuevo. Sí, fue un flechazo de amor panzón. 


De platos fuertes tuvimos los camarones Boston (rellenos de queso y enrollados en tocino, saben tan pecaminosos como suenan) y una orden de arrachera. Esa última estuvo bien pero bien a secas, no nos enamoró especialmente, ¡mejor pedir más mariscos!




Como glorioso finale para una gloriosa comida, compartimos un postre sorprendente y perfecto. Se llama "la niña de 33" y es helado de vainilla con fresas flameadas en Mezcal 33, se sirve en una copa y viene acompañado de chocolate y coyotas tibias. Mientras tecleo me dan ganas de salir corriendo por uno. <Babea un poco>.


A Los Arbolitos, ya les ha de quedar claro, hay que ir con hambre. Completa toda la experiencia pidiendo algo del bar como para terminar de morir de felicidad. Eso de la foto es una "margachela", aunque se autoexplica, se las describimos: es una margarita de mango (se puede hacer de tamarindo u otros sabores) con una chela. 


Nos gustó mucho de Los Arbolitos no solo la comida, también el servicio que es extra eficaz y el hecho de que el restorán es totalmente bebé friendly, con periqueras que quedan a la altura de la mesa y todo. Ahora que nuestra hija ya come sola, eso lo valoramos mucho. Ah, y se ve que la terraza está muy a gusto, lamentablemente no pudimos sentarnos ahí porque es el área de fumar y no puede haber menores de edad. Pero si vas en pareja o en grupo sin niños, siéntante afuera y tómate tu tiempo para comer a gusto, beber y platicar mientras ves pasar gente. 


Todavía queda un dato sorprendente. El sitio no es caro, para todo lo que nos zampamos y para estar en Polanco, esperábamos que la cuenta fuera escandalosa... y no. Estamos seguros de que vamos a regresar muchas veces. 



Los Arbolitos de Cajeme. Euler 17, Polanco. Sitio oficial - Facebook - Foursquare - Twitter - Instagram


Tocinante Honorario: Eduardo Escobar aka Escobas

mayo 09, 2016

Cuando llegamos a casa de Eduardo la mesa ya estaba puesta. Una mesa muy linda, con un colorido mantel, platos bonitos y copas. Lo mejor de la comida, nos queda claro, es que brindarla es un acto de amor que comienza desde mucho antes de servir el primer plato.


Quizá por eso nos gusta tanto esta sección de Los Tocinantes, porque nuestros amigos comparten sus mejores recetas, el espacio que es su casa y su cocina, su tiempo...

Eduardo, conocido entre sus amigos (y en el mundo del diseño) como el Escobas, además de todo eso compartió con nosotros un par de secretos que seguramente usaremos en nuestra cocina de aquí en adelante. Ahora se los decimos...

(Por cierto, este post tiene banda sonora. Todo el tiempo que estuvimos en casa del anfitrión se escuchó Radio Felicidad AM. Escúchalo aquí para ambientarte).

El Escobas nos hizo pensar en las peculiaridades de la gente que cocina. Algunos siguen recetas y son meticulosos, miden los ingredientes con tazas y cucharas medidoras o siempre pueden decirte exactamente cómo prepararon tal o cual platillo.

Otros, en cambio, le van calculando a ojo y cuando les preguntas sus recetas las medidas suelen ser "un chorrito", "no mucho", "ahí tú le ves". El Escobas es de estos últimos. De hecho, el "ahí tú le ves" es la clásica unidad de medida utilizada por su mamá.


Con eso en mente, procedemos a compartirles el menú.

De entrada, el Escobas preparó una crema Conde o crema de frijol, que le encanta y que además también es una favorita entre los autores de este blog. Escobas dice que siempre que va a un restaurante y hay crema Conde en el menú, la pide -nosotros también lo hacemos-. Hemos probado un montón de cremas de frijol pero la de Eduardo tiene unos detallitos que la pusieron en nuestro top 5 de cremas de frijol, esperen que les contamos.

Los croutones son hechos en casa y es a propósito que de unos lados estén más tostados, llegando a quemado. Muy poquito, apenas para que esos pedacititos quemados añadan un fondo de sabor a la mezcla de frijoles, crema, queso y chile. Y con todo eso, en la crema que preparó Lalo había otro sabor misterioso pero muy presente que no pudimos identificar. He ahí el primer secreto que adoptamos.


Al moler los frijoles, les añade chile pasilla tostado y hojas de aguacate como en Oaxaca. Eso último le da toda la onda a la crema. 

El segundo plato es un invento de Lalo de un día que estaba solo en casa, con hambre y sin sueño. Era tan noche que no iba a encontrar nada abierto así que decidió usar lo que hubiera en la cocina. Lo que hubo fue una lata de atún y un trocito de jamón, así que decidió combinarlo con cebolla morada, ajo, perejil y orégano. Puso todo en una sartén, lo acitronó y al final le roció vino tinto y le puso un poco de manzana picada y nuez.

El resultado, servido en un taco, es una combinación muy afortunada de sabores y texturas que no solo te saca de un apuro, sino que está tan sabroso que lo puedes servir en una cena con invitados.



Esta es la primera vez que uno de nuestros anfritiones cuenta con ayuda en la cocina, en este caso fue la señora Carmen quien fungió como ayudante picando ingredientes. Héctor quiso que mencionáramos su meticulosidad, pues dejó todo picado a la perfección en trozos iguales, ordenadísimo.


También nos acompañó Lola, la mascota de la casa, quién le tuvo una paciencia infinita a nuestra hija de año y medio quien ya come sola y también decide sola lo que quiere hacer: subir escaleras, apapachar perros, hojear revistas o explorar cualquier rincón en el que quepa su breve cuerpecito de bebé que ya camina.


Básicamente, el proceso de hacer este post fue toda una fiesta. Ya queremos hacer la siguiente.


Este es L'encanto de Lola

abril 11, 2016

No es un lugar nuevo, por lo que probablemente ya hayas escuchado algunas cosas sobre L'encanto de Lola, una tortería en la mejor parte de San Ángel.


Quizá habrás escuchado sobre sus malteadas de Gansito o de Huevo Kinder. Alguien te habrá contado sobre lo atípicas que son sus tortas o quizá, aunque no conozcas su lugar original, conozcas la sucursal del área gourmet de Palacio de Hierro Polanco. 



Lola tiene sus encantos, pero para nosotros hay uno que es el principal. Tuvimos que ir hasta San Ángel para averiguarlo, eso sí: esta tortería en realidad es un bar, y uno para beber en serio. 


Aunque la comida nos gustó, en realidad nos parece que es un excelente acompañamiento de sus cocteles. Y es que la carta de L'encanto está repleta de alcohol: carajillos, clamachelas, cocteles con mezcal o la posibilidad de agregarle vodka o ron a tu malteada. Definitivamente, borrachos welcome.


L'encanto de Lola se nos antoja para ir a crudear un domingo o para empezar la fiesta tempranera un viernes. Esas cosas que hacíamos muchísimo cuando éramos unos adultecentes despreocupados.


Por otro lado, el lugar tampoco está mal para nuestra situación actual de papás primerizos: hay sillas para bebé y si bien no hay menú para niños, muchas cosas en el menú son perfectamente aptas para niños. 


Por ejemplo, para nuestra hija de año y medio pedimos un agua del día y una minitorta de queso ricotta con miel. Una lástima que la minitorta no la tuvieran. Tampoco tuvieron la sopa de queso que ordenamos porque lucía muy apetitosa. No es padre recibir un "ahora no lo tenemos" cuando ya te hiciste a la idea de comer algo (y peor aún es recibir dos). 


Al final pedimos unas papas lola, dos tortas (una de chile relleno y el perro texano), una mini de cacahuate y mermelada de fresa, dos hippies (mezcal con jugo de piña), una malteada de gansito y un agua del día que era de jaimaica. El total de la cuenta fue de 500 pesos, lo cual coloca a L'encanto en la categoría de "darse un gusto muy de vez en cuando".


L'encanto de Lola. Calle de la Amargura 14, San Ángel. Foursquare - Twitter - Facebook.
 

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